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7 de octubre de 2020

El costado más humilde de Peque Schwartzman: las carencias que pasó de niño y las pulseritas que vendía su mamá para costear su carrera

Las necesidades que superó el flamante semifinalista de Roland Garros y top ten.

La vida de Diego Schwartzman se desarrolló como la de cualquier chico o, tal vez, no como la de cualquiera. A los 4 años cambió el patio y el cucharón de sopa de su abuela, con la que golpeaba la pelota de tenis contra la puerta de la cocina, por una raqueta de tamaño regular y el Club Náutico Hacoaj, en donde la puesta de sol lo sorprendía en aquellos primeros años con botines, la indumentaria del Barcelona y una vincha de Wimbledon, golpeando la misma pelota pero contra un frontón.

El fútbol era la alternancia deportiva con el tenis, en los primeros años de Peque. Terminaba uno para comenzar otro, pero en ningún caso prefería la escuelita, debían jugarle sólo a él. A los 8 años comenzó a destacarse y su madre, que engarzaba el asesoramiento sobre cortinados con comentarios que auguraban la proyección tenística que, con el tiempo, su hijo tendría. “Seguilo y acordate, porque él va a ser bueno de verdad”, le recomendaba detrás de su amplia sonrisa. Los años pasaron, pero el recuerdo quedó y fue esa misma anécdota con la que un periodista lo presentó a Diego en la Legislatura porteña, cuando recibió la distinción de Personalidad Destacada del Deporte de la Ciudad de Buenos Aires.

Pero entre ese galardón y los primeros torneos en menores y juveniles, por Argentina, sucedieron muchas cosas a su alrededor. “Algunas no las noté y muchas otras no me las hicieron sentir mis padres”, dice hoy Diego, recordando esos tiempos. Es que su familia pasó de estar en una posición de familia clase media acomodada a un colapso empresarial y matrimonial, que casi lleva al divorcio de sus padres, que ya contaba con 3 hijos (Andrés Nicolás, Natalie y Matías). Con 30 años, su madre queda embarazada de un cuarto hijo (Peque), pero “a esa altura se nos hacía imposible, porque no teníamos para comer, literal”, cuenta Silvana. 10 días antes del nacimiento de Diego, la familia se vio en la necesidad de entregar el departamento en el que vivían, para poder obtener dinero, pagar los gastos del parto y tener para comer.

FUENTE: https://www.infobae.com/deportes-2/2020/10/07/el-costado-mas-humilde-de-peque-schwartzman-las-carencias-que-paso-de-nino-y-las-pulseritas-que-vendia-su-mama-para-costear-su-carrera/

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